lunes, 29 de junio de 2015

#31

"Seis días antes de que comenzara la celebración de la Pascua, Jesús llegó a Betania, a la casa de Lázaro, el hombre a quien él había resucitado. Prepararon una cena en honor de Jesús. Marta servía, y Lázaro estaba entre los que comían con él. Entonces María tomó un frasco con casi medio litro de un costoso perfume preparado con esencia de nardo, le ungió los pies a Jesús y los secó con sus propios cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume.
Sin embargo, Judas Iscariote, el discípulo que pronto lo traicionaría, dijo: «Ese perfume valía el salario de un año. Hubiera sido mejor venderlo para dar el dinero a los pobres». No es que a Judas le importaran los pobres; en verdad, era un ladrón y, como estaba a cargo del dinero de los discípulos, a menudo robaba una parte para él.
Jesús respondió: «Déjala en paz. Esto lo hizo en preparación para mi entierro. Siempre habrá pobres entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán».
(Juan 12:1-8 NTV)


"Esta mujer hace algo inusual, ella seca el perfume con su cabello (las mujeres respetables no soltaban su cabello en público), pero María tiene en poco lo que la sociedad pueda pensar y olvidándose de ella misma se concentra en Jesús y se entrega sin límites, sin vuelta atrás. Con este acto María pone su vida a los pies de Jesús, todo su pasado, presente y aún futuro, no deja nada para ella, lo entrega todo. Esta mujer fue la protagonista de uno de los actos que Jesús más elogió en su caminar en esta tierra, todo porque su motivación era la correcta: JESÚS."
-Dilean Canas.

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